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30/3/09

CARTA AL OBISPO MARTÍNEZ CAMINO

Detalle pórtico Santa Eulalia de Abamia, Corao, Asturias (foto EGT)

En relación con la entrada anterior, tratando algunas cuestiones sobre el aborto, mi amigo David Carrascosa, me ha enviado un enlace a una carta que ha enviado al obispo auxiliar de Madrid, "el de los linces", monseñor Martínez Camino, que no tiene desperdicio.
Como el tan monseñor es asturiano, le he puesto aquí la foto de ahí arriba, homenaje previo a un personaje del que seguramente tendremos que hablar más de una vez y me temo que no precisamente para estar de acuerdo con él. Ya veremos.
La carta es de una lucidez ejemplar. David Carrascosa, con su corrección y puntería habituales, saca a la luz una de las infinitas contradicciones a que la Iglesia Católica nos tiene acostumbrados.
Ya argumentarán en contra lo que quieran, siempre lo hacen, pero visto lo visto no tendrán razón.
Enhorabuena, David



2 comentarios:

David Carrascosa dijo...

Muchas gracias, Enrique!! Espero que sirva para quitarnos definitivamente esta desgracia de encima.

Un ABRAZO

Isabel Rodríguez dijo...

He leído con mucha atención la carta de David Carrascosa al obispo Martínez Camino, y su argumentación es realmente impecble y pone de relieve cómo, en esta cuestión como en tantas otras, la Iglesia se contradice casi de continuo, y encima nos obliga a aceptar sus contradicciones como dogma de fe.

Con todo, no creo que el argumente de que una vida no lo es totalmente sin libertad y sin posibilidad de socialización sea definitivo ni totalmente convincente, pues muchos no nasciturus sino nacidos no pueden disfrutar de ninguno de esos elementos -disminuídos psíquicos y mentales profundos-, lo cual en ningún momento nos autorizaría a disponer de sus vidas.
Pienso que el aborto es siempre dramático, que no es el capricho de una mujer que trata de eludir sus responsabilidades, sino una decisión difícil de tomar - y tal vez más aún de vivir con sus consecuencias- y, en definitiva, un hecho de libertad, que debería ser respetado por una Iglesia que en su Catecismo sostiene la libertad como un hecho esencial y necesario a la propia vida.
Por lo demás, ante el coñazo que dan repitiendo machaconamente lo del ataque a la familia y su destrucción por leyes como las que regulan el aborto, o el divorcio, o el matrimonio entre homosexuales, la respuesta es tan simple que no entiendo cómo unos señores tan sesudos lanzan tal acusación sin reparar en lo fácil que es contestarla. ¿La ley obliga a alguien a abortar, a divorciarse, a casarse en un matrimonio gay? No, ¿verdad? Pues ¿dónde está el supuesto ataque? Cada uno es libre de mantener su matrimonio aunque sea un infierno, de no abortar aunque el nasciturus venga condenado a una vida miserable por sus malformaciones congénitas, o a casarse exclusivamente en matrimonios heterosexuales y canónicos. Si eso puede seguir haciéndose sin la menor limitación, insisto, ¿dónde está el ataque? Que hagan lo que les parezca y respetan la libertad de los demás de hacer lo propio.