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Este blog sigue dedicándose a actividades culturales aunque no le es ajeno el compromiso humano


20/11/08

20 N Y LAS DOS ESPAÑAS

Cementerio Civil de Madrid, 2008. (Foto Paula Gracia Cela. Ver más)


20 N... 20 N... ¿De qué me suena a mí esto? Ya sé, era cuando la esperanza se arrimaba a las costas de mi patria.
Tal día como hoy se pone uno a mirar y qué queréis que os diga: Están las aguas turbias.
Las dos viejas españas asoman las orejas. Algunos políticos, algunos particulares y algunos sectores sociales dejan ver el inveterado colmillo cainita de esta tierra.
Serán sólo palabras pero así se empieza siempre —“tú, canalla”, “tú más”—, y cuando nos queremos dar cuentas ya estamos a mamporros.
La democracia, si es que a esto se le puede llamar así, no es más que un leve barniz todavía. Nos falta recorrido, nos falta convicción, nos falta historia en esta nación que durante siglos se ha lucido de broncas, vocerío y extremismo. Ya lo decía Gil de Biedma: “En un viejo país ineficiente, / algo así como España entre dos guerras / civiles, ...” Que da la sensación de que cualquier tiempo de paz no ha sido aquí más que eso, el interludio entre dos asaltos.

Aquí curan mal las heridas porque se cierran en falso. Tras la injusticia y la brutalidad social de muchos años, la frustrante experiencia republicana no arregló o no pudo arreglar nada, fue pasto de la violencia; ni los explotadores ni los explotados cambiaron. Poco tenían que echarse en cara unos a otros. Aquellos, porque siempre explotaron y mataron de hambre y de injusticia; estos, porque ahora les tocaba resarcirse.
La traición militar vino a empeorar las cosas. Guerra en ristre, lucieron su barbarie los que luchaban por sus privilegios de siempre y los oprimidos que no se resignaban a ser menos bárbaros.
Después, la oscuridad cayó sobre esta tierra. La barbarie volvió a ser patrimonio de los de siempre y el vencedor mantuvo su paz a costa de la muerte, la opresión y la venganza sistemática. Esa fue la herida más sangrante, la de la represalia fría y continuada, la de los fusilamientos y la tortura ya en tiempo de paz, la del expulsado del trabajo, treinta años después “por auxilio a la rebelión”, o por que su padre había sido del lado perdedor; la de los miles de exiliados, la de los presos por sus ideas, la del auténtico terrorismo de estado. Con ser grave una guerra civil, mucho más grave fue que los vencedores machacasen sistemáticamente a los perdedores; y eso pasó durante más de cuatro décadas. Ahí se cerraron las heridas en falso. Como siguieron mal cerradas después del 20 N, cuando aquel indeseable se murió de una vez, y la llamada “transición ejemplar”, permitió, en aras de la reconciliación, que los explotadores siguieran impunes en sus privilegios de siempre, junto a algunos nuevos que se sumaron al carro democrático,... Aquí se hace la vista gorda y así todos tranquilos.

Ahora las cosas han cambiado un tanto, los humildes han aprendido a no ser dóciles y, aunque con dificultades, el abismo entre clases es menor, la libertad se ha hecho un pequeño hueco, más aparente que otra cosa, pero siguen por sus fueros los privilegiados herederos de la dictadura —eso que llaman centro derecha y no lo es— y nos encontramos con que también reclaman su tajada bastantes que se llaman de izquierdas aunque tampoco lo sean.
Y así estamos, a costa de las memorias históricas (parece que hay más de una) de las privatizaciones escondidas; de las nacionalizaciones que no se ejercen; del descoyuntamiento judicial; de los banqueros pavonados; de los sindicatos ineficaces o —peor— vendidos; de la crisis que se arreglará cubriendo a los que la provocan y pagando los propios perjudicados; del melifluo y oscurantista poder eclesial que no ha dejado de meter la uña desde el emperador Constantino... A costa de todo eso, vuelven a asomar la injusticia, la indefensión, la prepotencia de los de arriba y una nueva clase proletaria sin apenas más conciencia que la de intentar llenar la nevera. Crece la insidia, la mentira, el desencanto absoluto y, cómo no, la reivindicación suena a venganza, la libertad a peligro y el desacuerdo a traición.
Maestro Machado, tenías razón sólo en parte.
A los españolitos de a pie, una de las dos españas no ha parado de helarnos el corazón nunca y la otra nos lo está helando ahora. Así que en estos días habrías cambiado tus versos; hubieras dicho, y con razón: “Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Las dos españas a un tiempo, han de helarte el corazón.”

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ni Don Antonio Machado lo habría escrito mejor. Siempre nos quedará la palabra. Un abrazo.

Port

Anónimo dijo...

Enrique, Enrique, nunca sabré con certeza a que atenerme contigo.No siempre se puede uno situar tan al
"margen", por encima del bien y del mal.Siempre optamos,incluso en el análisis más puro.Pero eso sí, dentro de esa libertad que tu ves tan escasa,podemos manifestar opciones o vacilaciones o sobrevolar la realidad, como tu haces,con todo el derecho.Y,por mi parte, con todo el respeto y el afecto.Saludos
placeresrecuperados.blogspot.com

Anónimo dijo...

Pues qué quieres que te diga, una digresión coherente, serena y sin vacilaciones; lo tiene todo para que nos interese. Pero ten cuidado con la inteligencia, te puede convertir en un nihilista.

Me gusta pensar que no hay buenos ni malos, sino comportamientos buenos o malos. Pero en el fondo tampoco hay comportamientos buenos o malos, sino diferentes coyunturas en las que los demás los califican. Y aún así, tampoco hay diferentes coyunturas sino... Un lío, prefiero pensar que a veces soy franquista y otras tengo razón.

Aarón García Peña

Anónimo dijo...

Respondo a los tres comentarios anteriores.
Port: Tienes razón, "nos queda la palabra" que dijo Blas de Otero. Y al menos algunos recogemos el testigo quevediano "no he de callar por más que con el dedo, ya tocando los labios ya la frente, silencio avises o amenaces miedo"
María Jesús
(placeresrecuperados.blogspot.com :
Ni siquiera yo sé a qué atenerme conmigo. Si he dado la impresión de situarme más alla de bien y del mal, nada más lejos de mi intención. Escribí sólo reflexiones que me vinieron a partir de la fecha de marras.
Claro que tengo mis opciones, pero son poco viables, no les gustan a unos ni a otros, porque no estoy ni con unos ni con otros (aunque más cerca de posiciones como la tuya, sin lugar a dudas) No creo sobrevolar la realidad, tal vez lo parezca en este artículo en el que me limito a manifestar mi visión, no tanto a tomar partido.
Pero creo que sí puede verse cierta posición en cuanto digo, si no aquí, en otros momentos. Y te aseguro que mis ideas, cada vez más eclécticas, no se ven reflejadas en la derecha, pero tampoco en la izquierda actual.
Debo estar fuera de época. Sé que me queda -como dije antes- la palabra... Y poco más. Pero ejerzo lo que sea, por supuesto.
Gracias por tu sinceridad. Mi compromiso está contigo.
Aarón: MI punto de nihilismo no me lo quito de encima ni con aguarrás. Yo también tengo un lío y mis dudas. No sé si el hombre es (somos) malo, o si es peor.
Menos franquista puedo ser casi cualquier cosa (como tú)
La gran revolución es algo que sigue pendiente y que cada día tenemos que hacer dentro de nosotros, sin renunciar a sacarla fuera cuando sea preciso y cada cual aportando lo que pueda o sepa.
O como dices tú: Un lío.
Abrazo a los tres
Enrique Gracia Trinidad

Kostas Kamaki dijo...

Pedón pero, creo que "NO SÓLO NOS QUEDA LA PALABRA...": si te quedas parado y callas, quizás SÍ sólo, te queden las palabras: "¡¡a galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar...!!".
Abraxos