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Este blog sigue dedicándose a actividades culturales aunque no le es ajeno el compromiso humano


4/8/09

¿SON LOS TRAJES DE CAMPS EL PROBLEMA?

Al final todo es cuestión de pasta. Yo te regalo... tu me adjudicas... para eso están los amigos... que figure a nombre de otro... Esto me cuesta tanto, tú ponlo más barato y para ti... Y así todo.
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Los trajes del señor Camps no son el problema

El problema son las amistades que los políticos puedan tener con empresarios oscuros, gentes del trapicheo y sinvergüenzas variados.

El problema es que se ve claramente que ciertos individuos o empresas son sistemáticamente beneficiados con contratos públicos.

El problema es que un político diga que hace una cosa y luego no sea verdad (costumbre que, por cierto, está a la orden del día)

El problema es que un juez decida en tribunales sobre un amigo suyo, o sobre un enemigo.

El problema es que todos los partidos estén a ver en qué pillan al contrario en vez de limpiar sus propias filas de una vez y para siempre.

El problema es defender al próximo, colega o camarada de partido aunque sea notorio que tiene trazas de bellaco, miente en público o se le vean las trampas.
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Únicos trajes que pueden regalarse sin caer en la desvergüenza
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El problema es la tradición cainita que tenemos los españoles y que nos lleva siempre a maltratarnos unos a otros, sea entre regiones, pueblos o vecinos.

El problema es que la ley cada vez sabe menos de la justicia.

El problema es que la justicia sabe muy poco de igualdad.

El problema es que la igualdad ante la ley es maleable como un chicle.

El problema es que en política resulta muy difícil pillar a los inmorales: o saben robar y “guardar la ropa” desde tiempos inmemoriales o lo aprenden rápidamente en cuanto alcanzan el poder.

El problema es que la verdad se manipula constantemente para beneficio del cercano.

El problema es que muchos sospechamos que hurgues donde hurgues —ayuntamientos, diputaciones, cabildos, comunidades, estados...— van a aparecer corrupciones, amiguismo, nepotismo, tráfico de influencias, robos descarados, intrusismo, incompetencia, cohecho dinerario o moral, y un largo etcétera.

El problema es que la gente de a pie tiene noticias de todo esto pero los sigue votando, porque ya se sabe que los malos son “los otros”, nunca “los nuestros”.

El problema es que para erradicar tanta corrupción (mayor o menor) habría que erradicar a la mayoría de los que tienen poder, y nos íbamos a quedar en cuadro.

El mayor problema de todos es que yo mismo, si tuviese poder, también haría mis barrabasadas porque me temo que, más alto o más bajo, todos tenemos un precio.
A lo mejor tú, querido lector, eres incorruptible o conoces a alguien que lo sea pero ¿me permites que yo no esté tan seguro?
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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Traje...trague..trueque...transacción...tejemaneje...peaje...pelaje...
en fin...si, lo de menos son los trajes...es la punta del iceberg de algo que los partidos políticos llaman "financiación", "donaciones"...en fin, que dan ganas de no votar a nadie...y lo peor es que lo justifican por el "trabajo" (?) y las importantes responsabilidades que se traen entre manos...y entre siesta y siesta, cacería y cacería, comida y comida, viaje y viaje...en fin, un placer. Eso sín dietas. Es todo bastante lamentable. Sean del signo que sean.
No me cabe duda de que hay políticos honestos...pero tragan con el silencio y callan lo que ocurre. Pablo Guerrero tenía una hermosa canción que se refería a otros tiempos. Decía algo asi: "y tiene que llover, tiene que llover a cántaros". Era una metáfora. Lo malo es que los terrenos a limpiar se han aumentado de forma considerable con las Autonomias.
Cuántos generales para tan pocos soldados, que por cierto, son los que pagan.

Port

Manuel dijo...

Podríamos hacer de estos comentarios una enciclopedia. Pero, ¿para qué?. Se que es una pregunta llena de amargura y con sabor a desánimo. Pero, ¿para qué?.

No hay voz que clame por la deshonra, por la malversación de la lealtad, por esas buenas costumbre de no mentir. No se lleva, no está en ningún programa ser honesto.

Casi ni en lo cotidiano, fuera de las políticas y los números, se lleva la honestidad.

Particularmente, cuando la Democracia aún iba en pañales, se me ofreció el oro y el moro si me alineaba con aquellos que sacaron tajada de los tiempos de la protesta, de la lucha contra la oligarquía. Se sucedieron Junta Democrática, Plataforma, “Plata-Junta”... A todos dije que no y, años después, encontré a algunos correligionarios de otros tiempos, interinos en sillones inaccesibles, los mismo que no me recibieron en sus despachos “sin cita previa”.

Mas de 25 años pisando tribunales de Justicia me han hecho un escéptico o un erudito, que no se si es lo mismo. No, definitivamente no creo ni en la Ley ni en la Justicia: no existen. Y si, como decís, existe el amiguismo, los criterios sesgados por los propios convencimientos más allá de los códigos civiles o penales, el abuso de poder (judicial), la impunidad, que siempre me carcome los huesos...

Y, amigos, esto no lleva trazas de cambiar. Mucho peor: las lleva de perpetuarse. Porque el poder alimenta al poder y los esbirros que alimentan leyes, justicia, orden o los que sustentan la estructura en su conjunto de nuestras sociedades, no son sino los títeres cambiantes de esos otros rostros, más duros y siniestros, que constituyen la esencia del poder en nuestro mundo.

Y eso, son tan pocos, que una bala tardaría siglos en encontrar sus cabezas.

Danilac dijo...

Yo sí estoy seguro. Si tuviera el poder, robaría, favorecería, y corrompería todo lo que pudiese. Al fin y al cabo, mal de muchos consuelo de tontos, y robar de esa manera, es robar a todos.